La viticultura que se desarrolla en Lanzarote representa una de las estampas más típicas de la isla, no solo por la belleza en su diseño, sino además porque transmite todo el esfuerzo que conlleva su mantenimiento.
En Lanzarote todo parace diseñado para desanimar al viticultor, desde siempre la vid ha dado resultado por la obstinación de estas gentes, en lucha contra la lava, el fuerte viento, las bocanadas de fuego del desierto sahariano y la escasez de lluvia.
Pero el resultado de todo este esfuerzo es un viñedo centenario, un paisaje insólito que es hoy, más allá de la fotografía obligada, un tesoro enológico de toda la humanidad.
Manifestación plástica, vegetal y humana, que muy justamente ha reconocido la ONU y que constituye uno de los timbres de orgullo y garantía de futuro de nuestra isla: Reserva de la Biosfera.
El cultivo de la vid, de nuestra fabulosa uva Malvasía se hace en tierras volcánicas, siendo el más característico el que se realiza en la zona de la Geria, la cepa crece en los "hoyos", rodeada de un murete de piedra semicircular que la protege del viento. El suelo de arena volcánica, llamado de "picón", cuyas propiedades hidroscópicas permiten retener a la perfección el agua del rocío y de las pocas lluvias que se producen en la región, evitando de esta manera su evaporación. A la vez, la arena que rodea a las cepas y recubre el terreno, sirve de aislante térmico.
De esta forma, nos encontramos con la imposible mecanización de este sistema de cultivo, realizándose a mano las diferentes labores del viñedo, resultando de elevado coste su mantenimiento y de muy bajo rendimiento /Ha.
Es por ello, que nuestro marco de plantación resulta impensable en otro lado del mundo, siendo la densidad de cepas /Ha de 400 a 500 plantas y aunque sea difícil de creer, un rendimiento medio de 1500Kg/Ha.
Tan característico es nuestro sistema de cultivo que resulta ser tarjeta de presentación de nuestros vinos Malvasías.